La Virgen de los azulejos







Dijeron entonces que la Virgen había salido de los azulejos antiguos y se había subido al paso. No en vano Ella es la Virgen de los ceramistas. Su rostro se enmarcó de oro y esmeraldas como en los tiempos de San Jacinto y añadió a su incomparable e inalcanzable belleza grandisimas dosis de nostalgia trianera. Era la Virgen de nuestros padres, la que venían a iluminar los barcos cuando cruzaba el Puente de Triana, la que Fernando mimaba de manera singular, la que tenía loquito a Triana y a media Sevilla. Las generaciones que nunca pudimos contemplarla así, y que solo la conocíamos por antiguas estampas, quedamos extasiados ante tanta hermosura y tanta majestad. Fue en la Madrugada del año 2008 y nunca lo olvidaremos.

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