
Reina de la Belleza
Portadas de nuestros boletines
Estampas de mi Barrio

Los contras de ser la Virgen más Guapa de Sevilla.
Versos de Manolo Garrido al Señor de las Tres Caídas
El Arte tiene nombre propio: Triana
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. Versos al Señor de las Tres Caídas
Estampas de mi Barrio

La Virgen de los azulejos

Dijeron entonces que la Virgen había salido de los azulejos antiguos y se había subido al paso. No en vano Ella es la Virgen de los ceramistas. Su rostro se enmarcó de oro y esmeraldas como en los tiempos de San Jacinto y añadió a su incomparable e inalcanzable belleza grandisimas dosis de nostalgia trianera. Era la Virgen de nuestros padres, la que venían a iluminar los barcos cuando cruzaba el Puente de Triana, la que Fernando mimaba de manera singular, la que tenía loquito a Triana y a media Sevilla. Las generaciones que nunca pudimos contemplarla así, y que solo la conocíamos por antiguas estampas, quedamos extasiados ante tanta hermosura y tanta majestad. Fue en la Madrugada del año 2008 y nunca lo olvidaremos.
Esperanza Soberana

La Esperanza en las Misiones de 1965

A las cinco y media de la tarde del jueves 28 de enero de 1965 salía de su Capilla la Virgen de la Esperanza. Con manto de terciopelo verde liso y saya blanca, la Virgen era trasladada al centro misional que se le había asignado, y que no era otro que el Colegio de San José de Calasanz, en el barrio trianero del Tardón. Aquella misma tarde cruzaron el Puente y pasaron por la calle Pureza las Imagenes benditas del Stmo. Cristo de la Vera Cruz, cuyo centro misional habría de presidir en la calle Salado, y la Virgen del Valle, que lo haría en la Escuela de Péritos, de la zona de Los Remedios.
Las estampas que les mostramos recogen tres instantaneas de la Virgen de la Esperanza. La primera de ellas saliendo de su Capilla, a la que había vuelto tres años antes. La segunda es un plano cercano de la Virgen tal como fue ataviada para la ocasión, de manera sencilla, con la corona de Gabriel Medina estrenada en 1937 y con sus dos joyas más representativas: el puñal y el ancla prendido en su pecherín. No presentaba bordado alguno pero ni aún así decae su presencia de Reina absoluta, ni su empaque de embriagadora belleza. Y la tercera estampa muestra a la Virgen de la Esperanza en una de las aulas del Colegio San José de Calasanz, adecentada en la medida de lo posible para albergar uno de los centros misionales. A los pies de la Stma. Virgen fue colocado el sagrario y, junto a las andas, la mesa de altar donde habría de celebrarse el triduo pastoral. Sin duda, tres estampas para la historia.
La Esperanza en versos de Rafael Montesinos

La Infanta Dña. Luisa de Orleans con su Esperanza

Estampas de mi Barrio

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La primera estampa conocida del Stmo. Cristo de las Tres Caídas
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Una hipotesis sobre la autoría del Stmo. Cristo de las Tres Caídas

No se sabe ciertamente quien labró tan bellisima Efigie. Se le atribuye a Marcos Cabrera, escultor documentado en el último cuarto del siglo XVI y principios del XVII. Siempre se le hermanó con la venerada Imagen del Nazareno de Utrera, aunque quizás se asemeje más a la de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder, de Castilleja de la Cuesta.
Del mismo modo tenemos que apuntar un año que fue de vital importancia para la historia de la Hermandad: 1816. En este año se estrena la Capilla y, parece ser, que se realiza la Virgen de la Esperanza por Juan de Astorga. En esta época de reorganización de la Hermandad puede ser posible que el propio Astorga restaurase a la Imagen del Señor de las Tres Caídas. La belleza de su rostro y la dulzura que rebosa se acercan notablemente a las labores que este escultor lleva a cabo en todas sus imagenes. Sin embargo, no existen referencias documentales ni testimonios contemporaneos de que esto fuese así, aunque tampoco esto puede resultar una novedad, pues a lo largo de la historia de nuestras Cofradías no siempre hay testimonios de estos acontecimientos, bien por unas causas u otras.
No hay que olvidar que nuestro Cristo de las Tres Caídas llevó melena de pelo natural hasta finales del XIX en que Gutiérrez Cano labró su cabellera de madera policromada y esto también debió alterar au fisionomía original.
Y un dato sobre Marcos Cabrera: se le atribuye a este escultor el oficio de mareante, ya que en algunos documentos consta como capitán. Si esta hipotesis fuese cierta, pudiera ser probable que Marcos Cabrera fuese cercano o, incluso participara, en la fundación de la Hermandad de las Tres Caídas en 1608, ya que la misma fue fundada por el gremio de mareantes. ¿Pudo ser Marcos Cabrera, escultor y capitán marinero, el autor de la Imagen que habría de amparar y venerar a su propio gremio?. Lanzada queda la hipotesis.
Padre mío, Padre nuestro...

El Señor de las Tres Caídas encarna en su rostro todo cuanto aguardamos de Dios. Su estampa mantiene siempre viva nuestra fe, porque sus ojos son como un espejo donde renovamos nuestras fuerzas cada día. Como Padre, como Dios hecho Hombre, el Stmo. Cristo de las Tres Caídas es un verdadero nido de amor donde el tiempo se detiene sin mayores explicaciones. Su mirada es tan sumamente bondadosa y su semblante tan tiernamente dulce, que parece perdonarnos siempre que lo miramos y siempre que Él nos mira. Es todo cuánto esperamos de Dios: su amor, para nuestros defectos; su perdón, para nuestros errores; y su bondad en cada gesto que nos ofrece. Por eso, mi Dios se encarna en el Cristo de las Tres Caídas. Es la Imagen bendita que llena mi alma y es quien siempre me responde ante las adversidades de la vida. Él es el pilar indiscutible de mi fe, donde su mano me acaricia y me perdona, donde su mirada me hace comprender lo que a veces no llego a entender y donde sus labios me hablan sin siquiera pronunciar una palabra... Todo lo encuentro en Él, porque Él me lo entrega todo. La ternura de buen Padre, el amor de Dios entregado, la bondad del Corazón más puro, la sangre del sacrificio más obediente, el gesto de morir por los que ni siquiera lo merecen, la caída del que tropieza en el camino y la mano apoyada que se ha de levantar para enseñarnos la manera y el modo de continuar en la senda de nuestra existencia... Él y sólo Él, mi divino y humano Maestro, mi Señor de las Tres Caídas, Padre mío y Padre nuestro...
El Stmo. Cristo de las Tres Caídas en versos de José María Rubio.














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